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Ahorro   9 Oct 2026

Un tercio de los futuros jubilados españoles no sabe cuánto le durará su dinero

Autor

Instituto BBVA de PENSIONES

El mayor riesgo financiero al que se enfrentan los futuros jubilados españoles no suele ser la cuantía de la pensión pública, sino no tener idea de cuánto tiempo podrán mantener sus ahorros.

El informe La revolución de la longevidad: cómo prepararse para una nueva realidad, publicado en febrero de 2026 y elaborado por la Fundación del Instituto Español de Analistas en colaboración con Fidelity International, revela que el 33% de los futuros jubilados españoles reconoce que no sabe cuánto le durarán sus ahorros. A esto se suma que el 40% de los mayores de 50 años presenta una "brecha de conocimientos sobre longevidad".

Su preparación financiera cubre diez años menos que la esperanza de vida media de su región. Esa incertidumbre se está convirtiendo en un riesgo más silencioso y peligroso que el propio nivel de la pensión.

Uno de cada tres futuros jubilados encuestados no sabe cuánto le durará su dinero

Este informe, elaborado por Fundación del Instituto Español de Analistas, se basa en una encuesta realizada en 13 mercados a 11.800 personas mayores de 50 años. Los datos dibujan un panorama que va más allá de una sola cifra: a escala global, más de un tercio de los trabajadores próximos a la jubilación todavía no ha empezado a planificar su retiro, y solo el 15% ha buscado asesoramiento financiero, pese a que casi la mitad de los encuestados sitúa "el dinero" como su mayor preocupación.

El caso español sigue la tendencia global, pero con un telón de fondo propio. La sostenibilidad del sistema público de pensiones es uno de los retos centrales para los responsables de política económica del país, y el aumento continuo de la esperanza de vida junto con el descenso de la natalidad refuerzan aún más la importancia de la planificación individual.

El núcleo del problema no es "tener o no tener dinero", sino "saber cuánto tiempo puede durar"

Tradicionalmente, la planificación de la jubilación se ha centrado en "cuánto se ha ahorrado". Pero haber ahorrado, pero no saber cuánto puede durar ese dinero, equivale a no haber planificado bien.

El Informe habla de "brecha de conocimientos sobre longevidad", centrado su atención sobre ella. El 40% de los mayores de 50 años ha planificado sus finanzas para un horizonte 10 años inferior, o más, a la esperanza de vida media de su zona. Es decir, al calcular el capital necesario, subestiman sistemáticamente los gastos de la última década. Y es precisamente esa "última década" la que suele venir acompañada de un mayor gasto sanitario, de posibles necesidades de cuidados de larga duración y del desgaste continuado de la inflación sobre los ingresos fijos.

La otra cara del problema es que tener un plan marca una diferencia enorme. Entre las personas próximas a la jubilación, la proporción de quienes se sienten económicamente "preparados" alcanza el 78% entre quienes tienen un plan, frente a solo el 55% entre quienes no lo tienen. El plan en sí (aunque sea imperfecto) ya reduce la brecha de la ansiedad.

¿Por qué la "incertidumbre" es más peligrosa que la "insuficiencia" de ingresos?

Una pensión insuficiente es un problema cuantificable, en el que se puede calcular la brecha, definir medidas correctoras y establecer un plan de compensación. En cambio, "no saber cuánto puede durar el ahorro" es distinto: deja sin base todas las demás decisiones.

Si no sabes si tus ahorros deben cubrir 25 o 35 años, no puedes determinar cuánto retirar cada mes. Si no sabes si a los 80 años seguirás teniendo que afrontar gastos médicos o de cuidados elevados, no puedes evaluar si tu estrategia de inversión actual es lo bastante conservadora. Si no sabes durante cuánto tiempo la inflación erosionará tu poder adquisitivo, no puedes fijar cuál es la "tasa de retirada de ahorro segura".

Un análisis del Foro Económico Mundial señala que la planificación de la jubilación ha dependido durante mucho tiempo de una única cifra (por ejemplo, la "regla del 4%") para simplificar la complejidad. Pero esa simplificación implica supuestos concretos sobre rentabilidad, inflación y longevidad. Cuando esas condiciones cambian, la sostenibilidad de una tasa de retirada fija se tambalea. Una cifra que era "segura" al principio puede dejar de serlo veinte años después.

Tres decisiones que pueden cambiar el panorama

La recomendación del informe no es que los futuros jubilados se conviertan en actuarios, sino que señala varias vías capaces de transformar sustancialmente los resultados:

  1. Tratar el "cuánto viviré" como una variable de planificación. Lo prudente es planificar “a lo alto” hasta los 90-95 años, no confiar en la esperanza de vida media. En el caso español, esto significa que, si se jubila a los 65, debe prepararse para 25-30 años de vida de jubilado, no para 20-21.
  2. Distinguir entre "ingresos seguros" e "ingresos flexibles". La pensión pública ofrece una base de ingresos vitalicia y ajustada a la inflación. Es la protección más esencial frente al riesgo de longevidad. Pero por sí sola no suele bastar para mantener el nivel de vida previo a la jubilación. El papel del ahorro complementario no es "sustituir" la pensión, sino cubrir la diferencia entre lo que esta aporta y los ingresos necesarios, además de servir de colchón para gastos puntuales elevados, como la sanidad o los cuidados.
  3. Empezar antes con una planificación "imprecisa" vale más que empezar tarde con una planificación "precisa". Los datos muestran que quienes tienen un plan (aunque sea impreciso) presentan una seguridad económica 23 puntos porcentuales superior a quienes carecen de uno. La esencia de la planificación no es calcular de una vez la respuesta correcta a las necesidades futuras, sino construir un marco que pueda ajustarse de forma continua a medida que cambian la esperanza de vida, el entorno de mercado y las necesidades personales. El plan que se hace a los 60 años casi con certeza necesitará modificarse a los 75, pero para ello es imprescindible que a los 60 ya exista un plan.

La longevidad es uno de los mayores logros de salud pública del último siglo. Pero al mismo tiempo ha convertido un problema financiero que antes resolvía por sí sola la "duración de la vida" en un proyecto de largo plazo que exige una gestión activa.

Que uno de cada tres futuros jubilados no sepa cuánto le durará su dinero no es solo una laguna cognitiva individual, sino también un desafío estructural al que deben responder la educación financiera y el sistema de asesoramiento.

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