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Estilo de vida   22 Sep 2026

Día mundial del Alzheimer: hábitos diarios de salud que ayudan a reducir el riesgo de deterioro cerebral

Autor

Instituto BBVA de PENSIONES

Cada 21 de septiembre se conmemora el Día Mundial del Alzheimer. En 2026, el tema internacional se centra en “Conocer pronto, actuar pronto: el diagnóstico de demencia es fundamental”, haciendo una llamada a la concienciación sobre la importancia de la identificación temprana y la intervención a través de estilos de vida saludables.

Alrededor de 55 millones de personas están afectadas por demencia en todo el mundo.  Las respuestas de la ciencia a las dos preguntas fundamentales son cada vez más claras:

  1. Cómo reducir el riesgo de sufrir Alzheimer
  2.  Cómo tratar la enfermedad

1º Prevención. Hábitos diarios. Qué un estilo de vida saludable favorece la prevención se ha convertido en una evidencia

Durante mucho tiempo la recomendación de “un estilo de vida saludable beneficia al cerebro” fue un consejo genérico, sin rigurosa base científica.  Sin embargo, en los últimos años, los grandes ensayos aleatorizados y controlados están convirtiendo esa frase en una realidad cuantificable.

El ejemplo más representativo es el estudio POINTER de Estados Unidos

Este ensayo de dos años de duración, con más de 2.100 participantes de entre 60 y 79 años con alto riesgo, evaluó un programa estructurado de intervención multidominio sobre el estilo de vida. El programa incluía cuatro pilares: ejercicio aeróbico y de fuerza regular, dieta MIND (rica en verduras de hoja verde, frutos rojos, cereales integrales, pescado y aceite de oliva), estimulación cognitiva continua y participación social, y monitorización periódica de los indicadores de salud cardiovascular.

Los resultados mostraron que los participantes que recibieron esa intervención estructurada de estilo de vida experimentaron mejoras clínicamente significativas en memoria, atención y función ejecutiva, equivalentes a un cerebro de hasta uno o dos años menos. Es destacable que estos beneficios se mantuvieron consistentes y uniformes en distintos sexos, grupos étnicos, estados de salud cardiovascular e incluso en portadores del factor de riesgo genético APOE-e4 (que es el factor de riesgo genético más importante y conocido para la enfermedad de Alzheimer de inicio tardío, la que aparece después de los 65 años).

Incluso ante un riesgo genético de Alzheimer, la intervención conductual de estilo de vida sigue siendo eficaz.

En 2024, la Comisión Lancet, sobre prevención de la demencia, amplió a 14 los factores de riesgo de demencia que eran modificables, es decir, sobre los que se puede actuarcon hábitos saludables, incluyendo hipertensión, diabetes, obesidad, sedentarismo, tabaquismo, pérdida auditiva, depresión, aislamiento social y contaminación atmosférica, entre otros. La comisión estima que, si se intervinieran sistemáticamente estos factores a lo largo de la vida, alrededor del 45 % de los casos de demencia en el mundo podrían retrasarse o prevenirse.

En este sentido:

  • La actividad física eleva los niveles del factor neurotrófico derivado del cerebro (BDNF), apoya la salud del hipocampo y mejora el flujo sanguíneo cerebral. El BDNF es una proteína, perteneciente a la familia de los factores de crecimiento nervioso, que actúa como un "fertilizante" natural para las neuronas, favoreciendo su supervivencia, crecimiento y capacidad de adaptación, siendo fundamental para procesos de aprendizaje y memoria.
  • Una dieta saludable ayuda a reducir el estrés oxidativo (que es el desequilibrio entre la producción de radicales libres -moléculas inestables y dañinas- y la capacidad del cuerpo para neutralizarlos con antioxidantes) y mejora la sensibilidad a la insulina (hormona que permite que la glucosa -azúcar- entre en las células para usarla como energía).
  • La participación social y cognitiva favorece la plasticidad neuronal (capacidad del cerebro para modificarse y reorganizarse a lo largo de toda la vida en respuesta a la experiencia, el aprendizaje, el entorno o incluso lesiones).
  • El sueño también es clave. Durante el sueño profundo, el sistema glinfático del cerebro (mecanismo de "limpieza" del cerebro) acelera la eliminación de desechos metabólicos como la proteína beta-amiloide, y la falta crónica de sueño puede obstaculizar este proceso de limpieza.

2º Terapias o tratamiento: de «eliminar placas» a la intervención multi-objetivo

En el ámbito del desarrollo farmacológico, el cambio más importante de los últimos años es que los anticuerpos antiamiloide, han pasado de fracasar repetidamente a mostrar un beneficio clínico limitado pero real.

Los anticuerpos antiamiloide son un anticuerpo diseñado para reconocer y atacar la proteína beta-amiloide, proteína que se acumula formando placas en el cerebro de las personas con Alzheimer. Según algunas hipótesis, esta acumulación es uno de los primeros eventos de la enfermedad y desencadena una cascada de daño: inflamación, toxicidad para las neuronas y, finalmente, la acumulación de tau y la muerte neuronal.

Lecanemab y donanemab son los primeros anticuerpos monoclonales que han obtenido aprobación regulatoria. Eliminan las placas de beta-amiloide del cerebro y ralentizan moderadamente el deterioro cognitivo en pacientes con Alzheimer en fase temprana. Sin embargo, el beneficio clínico es limitado.

Los científicos no se han detenido ahí. Varias vías nuevas están avanzando:

  1. Dirigirse a la proteína tau. La agregación anómala de tau está más directamente relacionada con el daño neuronal y el deterioro cognitivo. Los datos del ensayo de fase 2 del fármaco diranersen, publicados en 2026, muestran que este fármaco, diseñado para reducir la producción de tau, ralentizó el deterioro cognitivo entre un 26 % y un 50 % en 18 meses, al tiempo que redujo los niveles de tau en líquido cefalorraquídeo entre un 50 % y un 65 %. Es la primera terapia dirigida a tau que demuestra simultáneamente reducción de la patología tau y beneficio cognitivo en un ensayo de fase 2.
  2. Nuevas estrategias de inmunomodulación. Otra de las líneas de investigación “reinicia” la capacidad de reparación inmunitaria del cerebro. Un anticuerpo monoclonal (producido en el laboratorio a partir de una sola célula madre, un único clon) llamado IBC-Ab002 modula el sistema inmunitario periférico, aumentando las células y factores antiinflamatorios para apoyar la autoreparación cerebral. Los datos del ensayo de fase 1b publicados en 2026 muestran y tendencias positivas en algunos biomarcadores relacionados con la enfermedad.
  3. Intervención epigenética. El equipo de la Universidad de Barcelona ha desarrollado FLAV-27, que representa un mecanismo completamente nuevo. No elimina directamente las placas, sino que «reprograma» el epigenoma neuronal mediante la inhibición de la enzima G9a, restaurando la expresión de genes que se encuentran anormalmente silenciados en el Alzheimer. En  animales, este compuesto no solo redujo la beta-amiloide y la tau fosforilada, sino que logró una recuperación sustancial de la memoria, el comportamiento social y la estructura sináptica.
  4. Anticuerpos de nueva generación y estrategias combinadas. Anticuerpos en desarrollo como trontinemab están diseñados con una mayor capacidad de penetración cerebral, mientras que remternetug explora la posibilidad de intervenir antes de la aparición de los síntomas.

Al mismo tiempo, la comunidad científica es cada vez más consciente de que el Alzheimer es una enfermedad multimécanismo, y la dirección futura probablemente sea una estrategia combinada de “intervención en el estilo de vida + tratamiento farmacológico”, en lugar de la lucha en solitario de un único abordaje.

En conclusión…Si tendrás o no Alzheimer en el futuro no está predestinado

El sentido del Día Mundial del Alzheimer no es generar miedo, sino transmitir un mensaje validado por la ciencia: la salud cerebral no está completamente determinada por el destino.

Empezar hoy con un paseo rápido, añadir una a la dieta diaria una ración de verduras de hoja verde, mantener una conversación más con un amigo, prestar atención a la tensión arterial y al sueño, son elecciones aparentemente pequeñas pero que están demostrando científicamente tener un peso real.

En el terreno terapéutico, la ciencia avanza de “no haber nada disponible” a hacia “hay opciones, y cada vez más precisas”.

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