Jubilación en pareja: cómo adaptarse a una nueva vida juntos
Cuando uno deja de trabajar, no se jubila solo, se jubila toda la casa. Es decir, su jubilación tiene implicaciones para toda la unidad familiar, normalmente la pareja ya sin hijos a cargo. Vemos algunos consejos sobre cómo afrontar una entrada a la jubilación que sea satisfactoria para la pareja, tanto en el caso de jubilarse al mismo tiempo (o con poco tiempo de diferencia) los dos miembros de la pareja, como en el caso de que uno se jubile años antes.
Pese a la introducción parcial del teletrabajo en los últimos años, durante décadas la rutina de muchas parejas ha tenido una coreografía repetida día tras día. Salen de casa por la mañana, regresan por la tarde, y entre medias cada uno gestiona su mundo.
Al final del día, al volver a casa, se cuentan conversaciones y situaciones vividas, se habla de planes del corto plazo, se comparten silencios y rincones de la casa que tienen “dueño” en determinadas horas. Pero llega un día, el primero de la jubilación, en que todo cambia. Y no se avisa de ello en una guía o folleto, sino que se lo encuentran…
Dos escenarios, con dos retos distintos
Escenario 1: uno se jubila y el otro sigue trabajando
Esta situación es más habitual de lo que parece, sobre todo cuando hay diferencia de edad entre los miembros de la pareja o trayectorias laborales distintas (ejemplo, uno es autónomo y el otro empleado de una gran empresa o funcionario).
La persona jubilada se encuentra con todas las horas libres y la tentación de reorganizar la casa a su manera. La que sigue en activo vuelve cansada y se encuentra con alguien que ha “descansado” todo el día. La desincronización genera fricciones.
La pareja deba hablar pronto de algo que puede parecer evidente pero que, de hecho, no siempre queda claro. Repartir tareas domésticas con criterio, pactar qué espera cada uno del otro y evitar que el miembro de la pareja jubilado se convierta, sin quererlo, en el “responsable de logística” por defecto, en chico o chica de los recados (“empleado de hogar”).
Escenario 2: ambos se jubilan a la vez o casi a la vez
Parece un sueño. Tiempo para viajar, para pasear, para hacer juntos todo lo que se fue aplazando. Pero pasar de compartir unas pocas horas al día a compartir todas las horas puede ser un cambio muy brusco.
Algunas cosas que suelen pasar en esos primeros meses juntos como jubilados son:
- Se descubren manías nuevas o se tiene menos paciencia con las ya conocidas. Por ejemplo, la forma de colocar los platos y cubiertos en el lavavajillas o de poner la tele o la música a un volumen discutible, o del orden/desorden de la casa, que antes se toleraba por falta de exposición continuada al otro, ahora es objeto de discusión.
- Cambian los equilibrios de poder. Quien durante la etapa activa llevaba el timón económico de la casa o la agenda familiar puede sentirse desubicado. Si uno de los miembros no trabajaba y se encargaba de la casa, verá invadido su territorio con la jubilación del otro.
- Aparece la soledad acompañada. Estar juntos todo el día no garantiza hablar de lo importante. A veces hay más compañía y menos conversación.
- Se resienten los espacios propios. Todas las personas necesitamos un rincón de aislamiento, una afición o un rato sin testigos.
Jubilación en pareja: 5 claves para que funcione
Estas serían 5 sugerencias para planificar una jubilación en pareja plena:
1. Hablarlo antes, no después.
Preguntarse cómo imagina cada uno la jubilación evita sorpresas posteriores. ¿Viajar constantemente o quedarse en casa o combinar ambas?, ¿Mudarse o no?, ¿Priorizar el tiempo con los nietos o el tiempo para uno mismo, y donde estaría el equilibrio entre ambos?. Las expectativas personales no habladas son el origen de muchos malentendidos.
2. Mantener (o crear) espacios propios.
No hace falta separarse, pero sí conservar amistades, aficiones y actividades individuales. Un club de lectura, de pintura, de teatro, un curso, un paseo diario en solitario o un voluntariado pueden ser un oxígeno que revitaliza la relación.
3. Construir rutinas compartidas y respetar las individuales.
Desayunar juntos o la caminata de la tarde cada día pueden convertirse en rituales. Pero también es importante que cada uno tenga sus propios horarios, sin sentirse obligado a hacerlo todo en común.
4. Repartir las tareas con justicia.
La jubilación no equivale a disponibilidad total. Si uno sigue trabajando y el otro se jubila, este puede asumir más gestiones domésticas, pero sin que se convierta en una obligación tácita, en “empleada o empleado del hogar”. Y si ambos están jubilados, el reparto debería ser equitativo.
5. Hablar del dinero con claridad.
Los ingresos cambian, las prioridades también. Conviene revisar juntos el presupuesto, qué gastos desaparecen, cuáles aparecen (por ejemplo, ocio, viajes, salud) y cómo se toman las decisiones importantes. Al igual que debería haber ocurrido con los ingresos profesionales durante la vida activa, si las pensiones de cada uno son de distintos importes, se debe aclarar cómo se gestiona el dinero común evita malentendidos.
Un proyecto compartido, no solo un cambio de situación laboral
La jubilación en pareja es una oportunidad para redefinir el proyecto vital. Después de décadas de trabajo, hijos, hipotecas y otras obligaciones, hay un tiempo nuevo para reconectar. Algunas parejas redescubren la complicidad de los primeros años de relación y otras necesitan un periodo de ajuste hasta encontrar su ritmo. Ambas cosas son normales.
Durante los primeros meses, conviene dar un margen de adaptación. Ni el entusiasmo inicial ni las primeras acaloradas discusiones por pequeñas cosas definen cómo será la nueva etapa. Es un periodo de prueba, y como todo periodo de prueba, admite ajustes.
Y si uno de los miembros de la pareja sigue trabajando…
Quien continúa en activo puede sentir cierta envidia o presión. Mantener de ambos lados la empatía ayuda a construir una futura jubilación juntos plena. El jubilado, con gestos de apoyo (hacer la cena y la logística resuelta). El que aún trabaja, mostrando paciencia ante los ajustes del recién jubilado. Planificar e ir adelantando proyectos compartidos para cuando ambos estén jubilados hace que la espera sea más llevadera.
Jubilarse en pareja no es solo una cuestión de pensiones y de ahorro complementario. Es una cuestión de convivencia, comunicación y proyecto de vida. Planificar lo económico es esencial, pero planificar lo emocional y lo cotidiano lo es casi tanto.
La pregunta a hacerse no es solo ¿cuánto necesitaremos para vivir durante la jubilación?, sino también ¿cómo queremos vivir juntos todo este tiempo?.